Sobre mí

Vine al mundo en la sobremesa del diecisiete de marzo de 1980, en Madrid. Mi madre por supuesto estuvo a otros menesteres, pero al parecer mi padre y mis abuelos si pudieron disfrutar de un café y puro. Eran otros tiempos y los maridos no entraban en quirófano y podían fumar en la habitación.

Fui una niña alegre, simpática y muy charlatana. Con apenas un año saludaba por su nombre a todos los porteros de los edificios que separaban nuestra casa del parque. Tampoco quería comer porque si comía, no podía hablar.

Como mi hermano no irrumpión en mi vida hasta que tuve cinco años, desarrollé una gran imaginación que me mantuvo entretenida hasta la llegada de este ser al que al parecer, y como manda la tradición, torturé y marqué con las secuelas típicas del segundo hijo. Que conste que no soy para nada consciente de ello, y que él, con doce años, me sacaba ya dos cabezas. Ahora entre él y yo no siento ni la distancia de los años, ni la de la altura, aunque haberlas, haylas.

Me sentí (y me siento) muy querida por todos. Mis padres, mi hermano, mis cuatro abuelos, tíos, primos, perros y gato. No éramos una familia muy grande, porque mi padre era hijo único y mis abuelos o no tenían ya familia o estaban a unos tres días de viaje en coche, en Alemania. Así que los lazos familiares venían solo de la parte materna, en la que mi madre disfrutaba del estelar papelón de ser la pequeña de cuatro, y encima la única niña. Esto le debió marcar tanto su infancia que optó por casarse con un hombre diametralmente opuesto a los hombres de hasta entonces su vida, y al que sobre todo, no le gustara el fútbol.

Mi padre era un intelectual, que fumaba en pipa a todas horas, odiaba las armas y no quería que hubiera televisión en casa. Por supuesto pasaba olímpicamente del fútbol y no sabemos por qué, rehuía de todo lo que tuviera aire andaluz.

Pero la vida es como es, y la genética hace sus apaños, así que le tocó un hijo que siempre iba disfrazado de vaquero con una pistola de plástico en el cinturón disparando a diestro y siniestro, pero sobre todo madridista hasta la médula desde que tuvo uso de buena razón, y una hija que en vez de hacer de Virgen María en la función del cole, quiso ser flamenca, y allí en medio del Belén formado por niños de preescolar de una guardería alemana del barrio de Salamanca, aquel año, hubo una ofrenda de pastores sevillanos con espectáculo incluido.

Todo esto demuestra que mis padres nos dieron libertad para hacer y ser como quisiéramos. Fueron estrictos, muy estrictos, pero llegado el momento siempre nos dejaron elegir y por supuesto, nos apoyaron.

Aprendí a escribir en segundo de preescolar y ya no paré. Desde muy pequeña decidí que lo de ser breve no iba conmigo, y en vez de dedicatorias por el día de la madre o del padre, yo escribía la poesía de turno y una carta, o la poesía, una carta y además, un cuento. Eso sí, no parece que nadie se preocupara mucho por mis faltas de ortografía, porque ¡madre de Dios!

Yo cada domingo rezaba porque en el cole, esa semana, nos pidieran que escribiéramos una redacción, y como no siempre era así, pues yo la escribía voluntariamente y se la enseñaba a mi profesora de turno. Así hasta COU. Incansable al desaliento.

Lo lógico es que hubiera estudiado periodismo, pero nunca lo contemplé ni como opción, porque a mi me gusta escribir de lo que me da la gana, y sobre todo dejar que mi imaginación se explaye sin límite de caracteres, ni por supuesto línea editorial que la coarte. Así que opté por Historia del Arte, que me permitía vivir mil vidas, en épocas muy diferentes, y seguir alimentando mi imaginación de una manera más académica.

Por fortuna pude dedicarme a ese mundillo de galerías, casas de subastas, coleccionistas y museos, desde antes de acabar la carrera, y así he podido vivir exclusivamente del ello durante diecisiete años de mi vida profesional .

Mientras, descubrí otra cosa que me apasiona, y que es todo lo que tenga que ver con el crecimiento personal.

Desde hace años en mi mesilla de noche encontrarás siempre una novela y un libro de temas tan variopintos, como la gestión del tiempo, la programación neurolingüistica, la visualización, autoconocimiento, manifestación consciente, hábitos, psicología, y un interminable etcétera.

Así que en cuanto pude, en 2013, abrí un blog, primero La Merienda a las 5 y luego Orden en mi Vida, y empecé a escribir sin descanso sobre todo lo que iba aprendiendo.

Luego llegaron las newsletters, el Club OEMVI, Substack, ViCul … y así hasta hoy.

Soy culo de mal asiento, siempre estoy ideando y poniendo en marcha proyectos de lo más variopinto, pero al final me doy cuenta de que todos me llevan a un mismo punto: la escritura.

En los diferentes discos duros externos que he ido acumulando en los últimos años, hay cientos de textos, algunos publicados en mis webs, otros esperan su turno para ver la luz, y otro se quedaron a medias. Hay artículos, ensayos, e incluso dos novelas comenzadas y aplazadas por falta de constancia.

En octubre de 2024 publiqué, animada por Plataforma Editorial, Mantén el equilibrio, un compendio de todo lo aprendido y difundido durante los siete años de vida de OEMVI. Ha sido una experiencia maravillosa, que espero repetir pronto. Y sí, eso significa lo que significa.

Así que ahora mismo, las horas de mis días, que no empleo en dormir, las dedico básicamente a escribir, a trabajar en tasaciones de Arte y seguir aprendiendo con el mismo ansia e intensidad que he demostrado durante toda mi vida.

En cuanto a mi vida personal, te informo que mis larguísimas cartas diarias enviadas desde la Universidad de Essex, hicieron su efecto y llevo felizmente casada veinte años con el afortunado destinatario, con el que he tenido tres maravillosos hijos, ahora adolescentes, de los que podría escribir muchísimo más, pero sé que en algún momento debo cortar este sobre mi. Pero bueno, es que esta web, por fin, va solo de mi.

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